“Jefecionar” es la expresión española que esconde un modelo de gestión pública de última generación, desarrollado en España, pero difundido e implantado internacionalmente bajo una denominación con mayor sexapil, el modelo Managing Ordeals by Bossing (MObB).
El modelo MObB representa un sistema de gestión de problemas de la ciudadanía y de prestación de servicios públicos completamente innovador, sostenible, neutral en emisiones de carbono y que solo utiliza energía renovable pasiva. El modelo establece la secuencia de, frente a un problema, necesidad o requerimiento de la ciudadanía, nombrar dos jefes, con independencia de la estructura, recursos o servicio ya adscrito a su prestación. Si son dos problemas, nombrar cuatro jefes; si son tres, nombrar seis; y así sucesivamente.
La clave en la gestión del problema o servicio en el modelo MObB es generar una capa de “jefeciaturas” clientelares lo suficientemente tupidas, especialmente si son intermedias y en forma de pirámide invertida, como para utilizar la fuerza de la gravedad para solventar el problema. No se trata de ganar en competencias o saber, o mejorar la eficiencia de los procesos gracias a la incorporación de personas y su know-how: la solución pasa por la compresión sobre el problema hasta aplastarlo con puro peso burocrático, y que así desaparezca. La clave es, en definitiva, lograr la ratio máxima de “jefeciaturas” para un único problema y que la gravedad haga el resto del trabajo.
Es cierto que podrían desplegarse alternativas, como todas aquellas que pasarían por: incrementar o simplemente mejorar la eficiencia en el uso de los presupuestos públicos; dotarse de suficientes plantillas o de recursos materiales; facilitar y apoyar el trabajo de miles de funcionarios (con y sin cargo) que quieren y se esfuerzan en servir a la ciudadanía; etc. Sin embargo, todas ellas carecen de la contundencia, belleza y elegancia matemática que aporta MObB, especialmente con relación a las emisiones de carbono.
Esta forma del modelo se denomina “gravitacional estándar”. Aun así, se puede incrementar su eficacia y eficiencia utilizando una alternativa, ahora bajo experimentación y denominada “alta densidad gravitacional general”. Esta forma requiere un proceso de enriquecimiento del puesto de trabajo arduo y especial, aunque rumores no confirmados apuntan a que una persona a la izquierda de la izquierda de la izquierda de la izquierda consiguió en Isfahán los planos de unas centrifugadoras que facilitan y agilizan el proceso.
La clave de la nueva forma está en generar puestos de trabajo de “jefeciatura” con denominaciones lo más largas posibles (por ejemplo: “responsable subsidiario de la subjefatura para la supervisión tutelada de la coordinación horizontal y vertical para la prestación complementaria de servicios asociados a, bla, bla, bla…”), descripciones funcionales del puesto muy extensas, por supuesto siempre asociadas a una retribución lo más generosa posible, y todo ello con responsabilidades o tareas nulas o prácticamente inexistentes.
Ese proceso de enriquecimiento gana en eficiencia si la persona en esa “jefeciatura” posee además carné de militancia, ocupa múltiples puestos orgánicos (cuantos más, mejor) y va a dedicar la mayor parte o, mejor aún, la totalidad de su “función” a tareas para el partido y no al problema o servicio público. Aumenta todavía más si se añade una alta o altísima actividad en redes sociales, especialmente X (Bluesky ha demostrado un efecto nulo/inverso en este modelo).
El procedimiento conduce a concentrar por centrifugación todos esos abultadísimos elementos de la “jefeciatura”, disociados del servicio público, en un único punto que acaba siendo prácticamente nulo: la solución o la prestación que espera o necesita la ciudadanía.
El resultado es un punto de una altísima densidad nominal y real. La superposición o yuxtaposición de este tipo de “jefeciaturas” no solo reduce exponencialmente el número necesario para solucionar un problema, sino que incluso puede propiciar fenómenos del tipo “síndrome de China”, que acaben solucionando muchos más problemas de los inicialmente previstos por el camino. La literatura teórica no ha concluido todavía si la generación de órganos como comisiones o comisionados, comités, etc., acelera este proceso; no obstante, todo apunta a que esos órganos pueden ser elementos catalizadores o coadyuvantes.
Es cierto que la utilización del modelo de alta densidad exige una contrapartida, como es la gestión adecuada y precisa del tipo y número de las “jefeciaturas”. La multiplicación de estos puestos puede llevar a dos efectos inducidos más difíciles de gestionar, tal y como recogen ahora sí las últimas publicaciones teóricas al respecto.
El primer efecto es el denominado “Efecto Oppenheimer”. La concentración y proximidad de “jefeciaturas” en una estructura administrativa puede propiciar interacciones de alta y furiosa energía (por la longitud de la denominación de los cargos, ascensos, retribuciones, mayor contribución al partido y sumisión al mismo, quién es más jefe, conseguir el menor trabajo efectivo para la ciudadanía, etc.) que, en un momento cacofónico dado y a través de una reacción en cadena, provoquen una liberación violenta y súbita de energía (o vamos, lo que se viene a conocer como “explosión”).
El segundo es el descrito como “Efecto Hawking – ‘t Hooft”, vinculado a una proliferación muy rápida y concentrada de “jefeciaturas” de alta densidad, especialmente si es en una estructura administrativa muy estrecha. Esa concentración, superado un umbral crítico, puede conducir a un colapso y a la aparición súbita de una singularidad gravitacional masiva que provoque una distorsión del espacio-tiempo extrema, hasta generar un horizonte de sucesos del que ni la luz pueda escapar: un agujero negro del que ningún expediente o prestación logrará salir, pero que también “succionará” el problema (y quizás, de paso, incluso a la ciudadanía).
La belleza y elegancia de “jefecionar” los problemas se ilustra en cómo, incluso a través de efectos inducidos no deseados, se acaba solucionando el problema. Quizás de manera muy radical; quizás de manera muy definitiva; pero quedar, queda solucionado, al fin y al cabo.
Una vez más, España, recogiendo el testigo de Jorge Juan y Santacilla, Antonio de Ulloa, o los hermanos Elhuyar, apuesta por hacer la ciencia grande otra vez y aplica el método científico a la gestión de lo público, aportando al acervo de la Unión Europea en particular, y del mundo en general, nuevas formas de cuidar de lo público y servir a la ciudadanía. Sintámonos orgullosos de todo ello.


