No Society. El fin de la clase media occidental, de Christophe Guilluy, ofrece un diagnóstico incómodo pero imprescindible sobre la fractura social que recorre las democracias occidentales. Guilluy describe cómo la globalización desregulada ha generado una nueva geografía económica: grandes metrópolis hiperconectadas que concentran riqueza y oportunidades, y una “periferia” creciente —social y territorial— donde se asienta una mayoría que ve deteriorarse sus condiciones materiales y su horizonte vital.
El autor sostiene que la antigua clase media, pilar de estabilidad política, está siendo erosionada por la precarización laboral, la desindustrialización y el encarecimiento de la vivienda. Ante ello, las élites culturales y económicas han construido un relato moralizante que responsabiliza al individuo mientras desatiende las causas estructurales. De esa desconexión nace, según Guilluy, la crisis de legitimidad de las instituciones y el auge de protestas populares heterogéneas.
Aunque su lectura puede ser discutida, especialmente en lo relativo a algunos énfasis culturalistas, No Society aporta una reflexión valiosa: sin cohesión social ni movilidad ascendente, la democracia se vacía. Para una izquierda materialista, el libro funciona como advertencia: ignorar la cuestión territorial, la desigualdad y el declive de la clase trabajadora es renunciar a cualquier proyecto igualitario. Una obra provocadora que obliga a mirar de frente la fractura que atraviesa nuestras sociedades.
El autor invita a pensar la nación como un marco cívico y democrático, susceptible de crítica y de reforma, nunca como tótem sagrado. Por eso su ensayo sigue siendo una lectura imprescindible: recuerda que el progresismo solo puede serlo si defiende un proyecto nacional inclusivo, racional y orientado al bien común, no a la tribalización del espacio público.


