Política ExterioR

España debe recuperar un papel específico y fuerte en el mundo, reforzando alianzas con los países de la Iberofonía, nexo de unión con 850 millones de personas a nivel global, y mostrar una posición crítica con la Unión Europea junto a otros Estados del sur de Europa. La inestabilidad en la política interna española, consecuencia de la polarización y el golpe de Estado separatista, han provocado que España no pueda desarrollar todo su potencial en el tablero internacional.

Nuestro país debe incrementar su poder relativo en cuatro polos prioritarios: Europa, Iberoamérica, Norte de África y Oriente Medio. Para ello el trabajo diplomático debe ser firme en cuestiones como Gibraltar, donde la recuperación del peñón no sólo debe producirse porque así lo contempla el derecho internacional de las Naciones Unidas: la soberanía española es fundamental para luchar contra la evasión fiscal y el parasitismo que supone tener un paraíso fiscal en suelo europeo.

Del mismo modo, consideramos fundamental un mayor acercamiento con Portugal que se traduzca en un refuerzo del intercambio económico y de infraestructuras que una el eje Mediterráneo-Atlántico a la vez que impulse internamente a regiones de la España vaciada.

Por último, España debe defender su soberanía territorial íntegra frente a las periódicas ofensivas expansionistas de los vecinos del sur y frente a la injerencia en la política interna de potencias extranjeras. Debemos cumplir nuestras obligaciones históricas como potencia administradora de la descolonización del Sáhara Occidental, incumplidas de forma vergonzante durante demasiado tiempo, debido a la debilidad geopolítica exhibida frente al nacionalismo expansionista marroquí. Debe mostrarse una posición de firmeza en cuanto a la integridad territorial de España, sin titubeos ni confusiones en relación a Ceuta y Melilla, Canarias y las aguas territoriales. No podemos olvidar que la política exterior es una política de Estado que exige firmeza y claridad, un rumbo definido, no basado en la improvisación ni en la falta de seriedad, y menos aún en el permanente cuestionamiento de nuestra propia existencia como nación política.

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